domingo, 15 de febrero de 2009

Estación del ferrocarril, recarga la nostalgia

Por: Onofre Lujano, Jueves, 04 de Diciembre de 2008
El ahora museo del ferrocarril de Acámbaro fue premiado por su conservación y será rehabilitado
ACÁMBARO
La estación del ferrocarril, recientemente premiada por la Conservación del Patrimonio Cultural Edificado del Estado de Guanajuato, guarda historias y vivencias de los ferrocarrileros y de los pasajeros que podían gozar de una auténtica romería en el tren cuando viajaban a México, Morelia y Lázaro Cárdenas.
AFLORA EL ALMA
José Antonio explica que la estación con su presencia significa para los ferrocarrileros nostalgia y recuerdos.Ahora, a 128 años de su construcción, el edificio es sede del Museo de los Ferrocarrileros, antes era el restaurante donde se guisaban suculentos platillos, menciona uno de los ex oficinistas José Antonio Sámano García.
Esta estación se encuentra edificada sobre la línea troncal México-Laredo de Tamaulipas, de lo que era el Ferrocarril Nacional Mexicano (FNM).
Los trabajos de construcción se realizaron por concesión del 13 de septiembre de 1880 a la Compañía Constructora Nacional Mexicana, fue edificada en los terrenos adquiridos el 5 de junio de 1926.
El 8 de octubre de 1883 a las 5 de la tarde llegó a Acámbaro el primer convoy de ferrocarril de vía angosta.
En 1909 se tendió la vía ancha entre la ciudad de México, Acámbaro y Celaya.
El conjunto ferroviario se compone del antiguo hospital ahora a cargo del IMSS, la estación de cubierta peraltada a varias aguas, la superintendencia más al poniente con una interesante fachada en ladrillo, y al norte, los patios y talleres, de las cuales se conservan varias galerías de principio de siglo.
Y en el entorno se encuentra un vagón utilizado como oficinas y construcciones de madera que no es preciso fechar su época de construcción, pero crean un ambiente peculiar en el lugar.
El conjunto en general tiene una gran riqueza arquitectónica y mucho valor sentimental para los acambarenses debido a su importancia y que fue una fuente de empleo muy grande.
Con los 20 mil pesos del premio obtenido hay propuestas para rehabilitar las oficinas de la estación, mantener las áreas verdes, limpiar la cantera, una iluminación escénica y pintar los edificios que lo necesiten.
"Llegamos a Acámbaro", el grito del recuerdo al llegar el tren José Antonio Sámano García, jubilado del ferrocarril, señala con nostalgia los momentos más agradables de su vida cuando laboraba como oficinista en la estación del ferrocarril, donde cuenta que en el edificio se encontraban oficinas de Express, equipaje y después fueron construidos los sanitarios para el servicio de los trenes de pasajeros.
Cuenta que al poniente estaba la oficina donde se expendían los boletos para quienes viajaban al sur Morelia y al norte México, además de que en el lugar instalaron la caja donde los auditores depositaban las remesas de los cobros que se hacían a los pasajeros y a un lado se encontraba la oficina del jefe de estación.
Recordó cómo en la planta alta daba servicio el hotel del "ferrocarril" como se le llamaba, y en la parte de abajo estaba el restaurante donde la cocinera era "Lolita" más conocida como "Chala" quien "hacía de sus guisos una delicia para quienes nos quedábamos a comer o en un día de quincena a tomarse una cerveza bien helada, todo era sabroso y barato en este restaurante donde ahora se ubica el museo de los ferrocarrileros", recordó.
Señaló que la afluencia de los pasajeros para tomar el tren era copiosa y que muchas veces los empleados que tenían que prestar servicios a otras estaciones como Lázaro Cárdenas, Morelia, Celaya, Toluca, tenían que irse con los garroteros y conductores "porque simplemente no había ya lugares para viajar a otro lado y nos apartaban un lugar en la máquina principal".
Mostrando su nostalgia, José Antonio Sámano García recuerda de buen modo lo que se vivía dentro del tren con una autentica romería porque los vendedores estaban a la orden del día: había pulque, mole, cacahuates, chocolate, atole, pan, tamales pescado de la comunidad Coro de Michoacán y sobre todo las cervezas también tenían su demanda, pero lo importante es que nunca había problemas de altercados o pleitos, la gente se comportaba aunque regularmente el Ejército Mexicano viajaba en plan de vigilancia y el tren iba escoltado.
Señala que lo peculiar era cuando el encargado de avisar la llegada en cada estación tenía su grito de prevención para que los pasajeros no se pasaran de largo, y con el grito "llegamos a Acámbaro, preparen sus cosas" ponía en alerta a los viajeros, que se preparaban para bajar sin contratiempos del tren.
José Antonio explica que la estación con su presencia y conservación significa para los ferrocarrileros nostalgia y gratos recuerdos porque es el símbolo "que nos hacer sentir que fuimos parte importante de la economía de esta región con nuestro trabajo y por el servicio que dimos a la empresa ferrocarrilera y la estación debe perdurar porque es lo único que nos queda como parte viviente".

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